Notas prácticas sobre IA en producción, software a medida y cómo mantener vivo lo que ya tienes.
Crees que la factura grande es construirlo. Luego descubres que lanzar es el principio, no el final, y que mantenerlo vivo tiene su propio coste.
Las herramientas no-code son geniales hasta que dejan de serlo. Saber dónde está esa frontera te ahorra una reconstrucción cara más adelante.
Pides presupuesto para una app y recibes rangos enormes o evasivas. No es que te quieran engañar. Es que la pregunta, tal cual, casi no tiene respuesta.
Casi todos hemos peleado con un bot que no entendía nada. Si vas a poner uno en tu negocio, conviene saber por qué fallan tanto.
Toda empresa con software tiene una persona que lo sabe todo. El día que esa persona se va de verdad es cuando descubres lo cara que era esa comodidad.
Tienes una tarea que come horas y dos caminos: pagar a alguien que la haga o pagar para automatizarla. La respuesta correcta depende de cosas que casi nadie calcula.
Vas a contratar a alguien para que construya algo importante y no sabes valorar si es bueno. Estas preguntas separan a quien sabe de quien vende humo.
Todo el mundo quiere IA. Casi nadie quiere mirar el estado real de sus datos, que es justo lo que decide si la IA va a funcionar.
Los retrasos en software son casi una ley física. Parte es culpa de quien construye, y una parte importante depende del cliente. Esta es la verdad incómoda.
Tus desarrolladores hablan de 'deuda técnica' y tú asientes. Aquí va qué significa de verdad y por qué deberías tomártela en serio aunque no toques código.
Olvídate del chatbot de la home. Las automatizaciones con IA que de verdad pagan están dentro, en tareas aburridas que nadie quiere hacer.
Esa hoja de cálculo que empezó siendo una ayuda y ahora maneja medio negocio. Cómo saber si ya toca cambiarla por algo serio.