Qué pasa cuando se va la única persona que entendía el código
Toda empresa con software tiene una persona que lo sabe todo. El día que esa persona se va de verdad es cuando descubres lo cara que era esa comodidad.
En casi todas las empresas con software hay una persona que lo entiende todo. La llamas para cualquier cosa y la resuelve en cinco minutos. Es comodísimo, y por eso casi nadie ve el riesgo hasta que esa persona dice que se va.
El problema tiene nombre medio en broma entre desarrolladores: el factor bus. Cuántas personas tendrían que ser atropelladas por un autobús para que el proyecto se quede sin nadie que lo entienda. Si la respuesta es una, tienes un agujero serio, por mucho que ahora mismo todo funcione.
Cuando esa persona se va, el primer día no pasa nada dramático. La cosa va apareciendo despacio. Aparece un bug y nadie sabe por dónde empezar. Hay que cambiar algo y da miedo tocarlo porque no se entiende qué más depende de ahí. Cada cosa que antes llevaba una hora ahora lleva tres y viene con la duda de si has roto algo sin enterarte.
La causa de fondo casi nunca es mala intención. Esa persona iba rápido precisamente porque lo llevaba todo en la cabeza, y escribir cómo funciona habría sido ir más lento sin un beneficio visible ese día. El conocimiento se queda en una sola cabeza porque, en el momento, era lo eficiente.
Lo que sí se puede hacer es barato comparado con el susto. Que más de una persona toque cada parte importante. Que las decisiones raras queden escritas en algún sitio, aunque sean cuatro líneas, y que exista un documento aburrido explicando cómo se levanta y se despliega todo. Nada de esto es glamuroso y por eso se pospone siempre.
Si ahora mismo solo una persona entiende tu software, no hace falta que esperes a que se vaya para notar el problema. Pídele que le enseñe a alguien más una parte cada semana. Es la clase de seguro del que nadie se acuerda hasta que ojalá lo hubiera contratado.
